por Daniel Lavorano
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El País del Olvido era un territorio muy particular, allí la gente vivía sin recordar nada de su propio pasado: no había recuerdos alegres ni tristes porque simplemente no existían en sus mentes, no existía conciencia sobre hechos acaecidos anteriormente y tampoco los recuerdos familiares se almacenaban en cada individuo, por lo que cada persona podía cruzarse con su hermano, novia, hijo o padres sin saber quiénes eran realmente. Nadie recordaba nada, ni siquiera cómo o quiénes habían fundado ese país. Todos eran perfectamente desconocidos a la vista del otro, sólo vivían el presente sin poder tener siquiera -salvo relaciones ocasionales que rápidamente se diluían de la memoria al día siguiente- relaciones de amistad o de amor duraderas en el tiempo porque el futuro también les había sido quitado. Tenían sus rutinas previamente diagramadas y las ejecutaban sin prisa y sin pausa, mecánicamente y sin emoción alguna, como zombis, y si en otros lugares tenían parientes o amistades estos terminaban abandonándolos, cansados de esperar respuesta a sus cartas o e-mails que nunca eran contestados, sencillamente porque aquellos olvidaban hacerlo.
Algo muy particular en ese país era que no había niños ni niñas, todos eran hombres y mujeres adultos - con un considerable incremento en el número de ancianos que se acentuaba cada vez más- por lo que la población iba mermando en cantidad siendo la extinción total sólo cuestión de tiempo. Pero como en todo país que se precie de tal, existían además de personas desmemoriadas, brujas, hechiceros y magos que intentaban con diversos artilugios revertir la situación. Unos lo intentaban con medios lícitos, pero otros apelaban a los medios que consideraban necesarios sin recabar demasiado en su validez. Así es que un grupo de brujas propuso que las mejores de ellas –elegidas por el grado de artimañas conocidas- viajase al extranjero para traer a todos los infantes que encontrasen en el camino y que tuvieran mala o nula memoria como los habitantes de tan peculiar país, prometiéndoles vilmente cosas que por supuesto jamás se cumplirían.
Luego de esto pusieron manos a la obra y marcharon tras ese propósito, con el cual pensaban cambiar la triste historia de ese lugar, al menos para que no desapareciera pronto y dotarlo de risueña alegría infantil.
Así caminaron día y noche, incansables, con prisa, dada la difícil situación del país del olvido pero sin pausa, interrogando a cada niño o niña que se cruzara en su camino sobre tal o cual hecho: quiénes eran sus padres, el lugar donde vivían y cómo eran las casas que habitaban, el nombre de quiénes eran sus mejores amigos, cómo se llamaba la escuela a dónde concurrían, cuáles eran sus juegos favoritos y con quiénes les gustaba compartir sus momentos lúdicos, averiguando el nombre de sus familiares y hasta de sus mascotas, qué deportes les gustaban, si recordaban el lugar adonde habían ido de vacaciones por primera vez con sus padres, sus comidas preferidas, etc, etc...
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Pasado un largo tiempo de búsqueda las brujas regresaron finalmente al país del olvido con las manos vacías y sin haber podido cumplir su propósito. Una a una fueron presentándose ante el concejo de ancianos que los gobernaba y una a una fueron dejando sus poderes y sus artimañas a disposición de aquellos, reconociendo su estrepitoso fracaso y partiendo al destierro. Ellas no contaban con algo importante: que los niños iban a responder a todas y cada una de sus preguntas; que iban a recordar el nombre de sus padres, la escuela a la que concurrían, sus juegos favoritos, quiénes eran sus amigos y cómo se llamaban sus mascotas, etc, etc...todo, recordaban absolutamente todo....Y supieron desde ese día que sólo los adultos son los que van perdiendo poco a poco la memoria, los que no recuerdan hechos, situaciones, lugares; los que con el transcurso del tiempo se van olvidando de su propio niño interior; sólo los adultos son los que no recuerdan lo más importante: no olvidar los errores del pasado para no volverlos a cometer, transformándose así en habitantes eternos del País del Olvido...
Algo muy particular en ese país era que no había niños ni niñas, todos eran hombres y mujeres adultos - con un considerable incremento en el número de ancianos que se acentuaba cada vez más- por lo que la población iba mermando en cantidad siendo la extinción total sólo cuestión de tiempo. Pero como en todo país que se precie de tal, existían además de personas desmemoriadas, brujas, hechiceros y magos que intentaban con diversos artilugios revertir la situación. Unos lo intentaban con medios lícitos, pero otros apelaban a los medios que consideraban necesarios sin recabar demasiado en su validez. Así es que un grupo de brujas propuso que las mejores de ellas –elegidas por el grado de artimañas conocidas- viajase al extranjero para traer a todos los infantes que encontrasen en el camino y que tuvieran mala o nula memoria como los habitantes de tan peculiar país, prometiéndoles vilmente cosas que por supuesto jamás se cumplirían.
Luego de esto pusieron manos a la obra y marcharon tras ese propósito, con el cual pensaban cambiar la triste historia de ese lugar, al menos para que no desapareciera pronto y dotarlo de risueña alegría infantil.
Así caminaron día y noche, incansables, con prisa, dada la difícil situación del país del olvido pero sin pausa, interrogando a cada niño o niña que se cruzara en su camino sobre tal o cual hecho: quiénes eran sus padres, el lugar donde vivían y cómo eran las casas que habitaban, el nombre de quiénes eran sus mejores amigos, cómo se llamaba la escuela a dónde concurrían, cuáles eran sus juegos favoritos y con quiénes les gustaba compartir sus momentos lúdicos, averiguando el nombre de sus familiares y hasta de sus mascotas, qué deportes les gustaban, si recordaban el lugar adonde habían ido de vacaciones por primera vez con sus padres, sus comidas preferidas, etc, etc...
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Pasado un largo tiempo de búsqueda las brujas regresaron finalmente al país del olvido con las manos vacías y sin haber podido cumplir su propósito. Una a una fueron presentándose ante el concejo de ancianos que los gobernaba y una a una fueron dejando sus poderes y sus artimañas a disposición de aquellos, reconociendo su estrepitoso fracaso y partiendo al destierro. Ellas no contaban con algo importante: que los niños iban a responder a todas y cada una de sus preguntas; que iban a recordar el nombre de sus padres, la escuela a la que concurrían, sus juegos favoritos, quiénes eran sus amigos y cómo se llamaban sus mascotas, etc, etc...todo, recordaban absolutamente todo....Y supieron desde ese día que sólo los adultos son los que van perdiendo poco a poco la memoria, los que no recuerdan hechos, situaciones, lugares; los que con el transcurso del tiempo se van olvidando de su propio niño interior; sólo los adultos son los que no recuerdan lo más importante: no olvidar los errores del pasado para no volverlos a cometer, transformándose así en habitantes eternos del País del Olvido...







