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VOYERISTA
El catalejo despertó su ojo mágico una tarde que fisgoneaba una pareja. Con el visor les veía desnudos. Sin él, con sus atavíos puestos. Como todo sortilegio, le siguió develando intimidades. Hasta la saciedad lo conoció todo. Una tarde se le ocurrió mirarse al espejo; el monóculo le mostró en el funerario entre velones flameantes. El artilugio espera. La viuda limpia su lente, lo acicala con esmero. Anunciará terceros esponsales.
El catalejo despertó su ojo mágico una tarde que fisgoneaba una pareja. Con el visor les veía desnudos. Sin él, con sus atavíos puestos. Como todo sortilegio, le siguió develando intimidades. Hasta la saciedad lo conoció todo. Una tarde se le ocurrió mirarse al espejo; el monóculo le mostró en el funerario entre velones flameantes. El artilugio espera. La viuda limpia su lente, lo acicala con esmero. Anunciará terceros esponsales.









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