martes 13 de septiembre de 2011

Lorena Nazal Saglie, Barcelona, España














SEGUNDOS


Nadie había sabido nunca de sus antojos y peticiones al anochecer,

(tampoco de los llantos al amanecer)

Hasta que una noche los sueños se la llevaron toda vestida de ropajes clandestinos, la mecieron y la devolvieron plácida. Se extendió ese día como ninguna, como si el mundo le hubiese regalado una alfombra mágica. Bostezó ociosa y encantada por el sol, durante unos segundos vivió justo en la frontera del aquí y el allá. Por primera vez sonrío en un comienzo del día, ansiosa se sentó a contemplar las horas...  

(esperando que volviera a anochecer)

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