viernes, 9 de marzo de 2012

Mónica Doo, Foxboro, Massachussets, Estados Unidos














ERROR DE CÁLCULO


Pablo nunca pensó en la trascendencia de determinar el tamaño de un deseo, por lo que, sin darle importancia, se enfrascó en proyectar un sueño "a su medida".

Tanto se lo ajustó que, al cumplirse, en su nuevo mundo no cupo nadie más que él, y apretado.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Mabel Escribano Usero, Barcelona, España









UN GESTO AMABLE

Ellas intentaron sacudirse como pudieron, al tiempo que lanzaban un gemido de dolor.
Ellos las miraron con admiración.
Eran tan elegantes, tenían tanta clase.
Levantaron sin exceso la voz. Lo suficiente para llamar su atención sin asustarlas.
Consiguieron que les mirasen. Les señalaron un espacio vacío y limpio junto a ellos.
Saltaron con una enorme delicadeza, ocupando el espacio que le señalaban aquellos enormes, baratos y viejos zapatos.
Las zapatillas de ballet lloraban, mirando sus rasos, antes blancos, manchados al caer en el contenedor, donde sin motivo alguno, su dueña las habían tirado.

jueves, 9 de febrero de 2012

Gastón Segura, Alicante, España












DE ELLA, SUS CAPRICHOS Y OTRAS OBLIGACIONES NUNCA VIENEN SOLAS

Por lo común admitimos sin pensar eso de que las desgracias nunca vienen solas, pero basta con que nos sobrevuele la desdicha para colegir hasta que punto el refrán tiene visos de cumplirse inexorablemente. Les cuento esto porque hace unas tres semanas, durante su revisión anual, los médicos detectaron en su señor papá una pústula o algo parecido en el hígado que no vaticinaba nada bueno. Y sobró con ver la celeridad y el ceño con que lo ingresaron la semana pasada para presentir con espanto lo peor.
Yo, durante esos días, no sabía qué hacer sino transitar por su vida encogido y de puntillas, y con una sonrisa complaciente de niño huérfano. Ella, mientras, disimulaba revistiéndose de la mayor diligencia y del triple de ocupaciones aunque, de cuando en cuando, se le escaparan unos suspiros capaces de conmover a las esferas celestes. Además, el asunto no se resolvió con la intervención quirúrgica, sino ayer por la tarde cuando, tras analizar meticulosamente los tejidos extraídos, los cirujanos dictaminaron que aquello no revestía la menor gravedad y que no respondía sino a un raro encallecimiento, fruto de la edad.
Me lo comunicó de inmediato y con una alegría tan desbordada que me atreví —cosa que raramente hago— a recogerla en la puerta de su oficina, para luego darnos una tournée de celebración por los bares más castizos y bullangueros del Madrid austriaco. Y en esas estábamos, acodados frente a una ración de calamares y abrigados por el espeso parloteo de la parroquia, cuando se quedó abstraída en el fondo de su vino. Luego, levantó sus ojos desde un presentimiento turbio y me dijo:
—¿Te imaginas que hubiese sucedido lo peor?
Le iba a responder que se olvidase, que todo había sido un mal susto, cuando me interrumpió:
—Mi madre, desde luego, con todo lo animosa y valiente que parece, es la que menos lo hubiese soportado —le dio un trago final al vaso y sus ojos recuperaron la chispa perdida. Y entonces, con una sonrisa rescatada de nunca supe dónde, añadió:
—Y, desde luego, si la pobre se hubiese desquiciado, con mi cuñada y mi hermano no podríamos contar, así que nos habría tocado atenderla a nosotros; es decir, a ti.
Y ante esta sentencia tan rotunda e inapelable, un extraño rubor me recorrió el espinazo y adiviné que, de venir, era cierto que las desgracias nunca vienen solas.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Rubén Valle, Mendoza, Argentina












TODO LO QUE OLVIDÉ

Un día cualquiera, a cualquier hora, empieza a recordar y ya no puede detenerse. Nunca más. Rememora desde el primer día hasta el último. Un solo detalle: sus recuerdos son ajenos. Todos. Desde entonces, su única meta es saber a quién pertenecen.

martes, 13 de septiembre de 2011

Lorena Nazal Saglie, Barcelona, España














SEGUNDOS


Nadie había sabido nunca de sus antojos y peticiones al anochecer,

(tampoco de los llantos al amanecer)

Hasta que una noche los sueños se la llevaron toda vestida de ropajes clandestinos, la mecieron y la devolvieron plácida. Se extendió ese día como ninguna, como si el mundo le hubiese regalado una alfombra mágica. Bostezó ociosa y encantada por el sol, durante unos segundos vivió justo en la frontera del aquí y el allá. Por primera vez sonrío en un comienzo del día, ansiosa se sentó a contemplar las horas...  

(esperando que volviera a anochecer)